El Reino

El Reino de León después de 1230

Fernando-IIILa entronización de Fernando III en 1230 supuso la unión definitiva entre ambas coronas. El nuevo monarca fue aceptado en general por nobleza y alto clero como sucesor legítimo de Alfonso IX, sin embargo, un grupo de nobles encabezados por Diego Froilaz se negaron a rendir homenaje a Fernando III, reclamando los derechos de sucesión para sus hermanastras, Sancha y Dulce. Froilaz llegó a ocupar la basílica de San Isidoro demostrando con su aptitud que no todos los leoneses aceptaban la legitimidad del nuevo monarca, pero una repentina enfermedad le obligó a abandonar su resistencia y restituir al abad la basílica de San Isidoro.

Una vez controlados los focos rebeldes, Fernando III pacta la sucesión con sus hermanastras con el fin de evitar futuras guerras civiles. La unión entre ambos reinos, salvo los conatos de secesión acaecidos a finales del siglo XIII y comienzos del XIV, se sellaría de forma definitiva.

El reinado de Fernando III se caracterizó por la expansión territorial. Las huestes reales se extendieron por los territorios musulmanes limitando los dominios del mundo ismaelita, básicamente, al Reino de Granada. En estas conquistas tuvieron un papel destacado nobles leoneses como Fernando Suárez de Quiñones, Fernández de Aller, Ramiro y Rodrigo Froilaz o Pedro Ponce, entre otros. Hay que hacer un inciso, en este punto, para señalar un hecho simbólico que tuvo una gran trascendencia en su momento. Con la rendición de Córdoba el 29 de junio de 1236 se cierra el capítulo sobre la afrenta sufrida en tiempos de Almanzor. El caudillo musulmán arrasó en el año 997 Santiago de Compostela llevándose, a “lomos” de los prisioneros cristianos, las puertas y las campanas de la catedral compostelana, a Córdoba. Ahora las campanas son restituidas por Fernando III, transportadas, a su vez, a hombros de los prisioneros musulmanes, devolviendo la afrenta recibida.

Su sucesor, Alfonso X, resolvió las cuestiones fronterizas que mantenía el Reino de León con Portugal, vinculadas al vasallaje que los portugueses debían prestar al rey de León. El litigio se saldó con la boda de la hija de Alfonso X con el monarca lusitano y la cesión, en concepto de dote, de los territorios en conflicto.

Alfonso-XEl testamento de Alfonso X fue motivo de disputa entre los hijos de su primogénito, Fernando de la Cerda, muerto prematuramente en 1275, y su segundo hijo, Sancho IV.  En virtud de las normas recogidas en Las Siete Partidas, dictadas por Alfonso X, los derechos de sucesión recaían en los hijos del primogénito. Unas normas que rompían con los tradicionales derechos de sucesión, en los que la corona, en caso de muerte del primogénito, se otorgaba al segundo hijo.

En virtud de los derechos tradicionales de sucesión, Sancho IV reclama la corona y se revela contra su padre, dejándole sin apoyos y obligando al monarca a recurrir a la ayuda de los musulmanes para pacificar la situación. En lecho de muerte Alfonso X perdonará la acción de su hijo. La desaparición de Alfonso X provoca una serie de enfrentamientos entre los partidarios de los infantes de la Cerda, hijos del malogrado primogénito de Alfonso X, y su tío Sancho, a la postre Sancho IV, que impondrá su candidatura a la corona y reinará entre 1284 y 1295.

Tras la muerte de Sancho IV, el infante Don Juan, hermano del difunto monarca, se intitulará rey de León de 1296 a 1301, aprovechando la minoría de edad de Fernando IV.

El reinado de Alfonso XI (1312-1350), se va a caracterizar por el proceso de centralización monárquica. Mediante el Ordenamiento de Alcalá de 1348 el monarca consigue doblegar a ciudades y villas al poder real.

La sucesión de Alfonso XI va a originar conflictos entre la línea sucesoria legítima representada en la figura de Pedro I y la línea bastarda encabezada por Enrique II, quien se acaba imponiendo inaugurando la dinastía de Trastámara. León en esta guerra va a ser un baluarte petrista.

El siglo XV viene determinado por la expulsión en 1492 de los judíos, con un efecto negativo en el comercio y artesanía de León. La trashumancia era por aquellos tiempos el motor económico del Reino de León.

La política de los austrias del siglo XVI incidirá en una cierta decadencia económica y demográfica del Reino de León. La orientación que se da a la economía y el comercio, enfocado hacia Sevilla y el Nuevo Mundo, disminuirá las actividades realizadas en el Reino de León y provocará que la Feria de la vieja capital caiga en el olvido. La situación empeora a partir de 1609 con la expulsión de los moriscos, que priva a la artesanía y los campos de León de una mano de obra valiosa. Un marco económico complicado al que une la crisis generalizada que asola España en el siglo XVII, especialmente virulenta en León y Castilla.  Sin embargo no todos los aspectos son negativos. Una importante obra literaria, escrita en leonés en algún caso, resurge en el Reino de la mano de Juan del Enzina, Lucas Fernández o Torres Naharro.

Con la llegada del siglo XVIII y el ascenso de la dinastía de Borbón se plantea una nueva perspectiva para el Reino de León. Surgen las Sociedades de Amigos del País en Ciudad Rodrigo, León o Zamora con la intención de mejorar la economía y fomentar la enseñanza. Se vive un periodo cultural con personajes como Diego Torres de Villarroel y el Padre Isla.

El nomenclátor de Floridablanca, de finales del siglo XVIII, sostiene que las provincias del “viejo reino leonés” tienen un tratamiento administrativo diferencial por lo que se mantiene la figura de los alcaldes Pedáneos y el sistema concejil. En la división de Floridablanca de 1785 se recoge que España está dividida en ocho regiones y 31 provincias. Una de las regiones se denomina “Reino de León” y sus provincias eran: Asturias de Oviedo, León, Zamora, Salamanca, Palencia, Valladolid, Toro y Extremadura.

También se crean las Intendencias, organización fiscal de la Corona Española que incluyen: Galicia, León, Zamora, Toro, Salamanca, Extremadura, Palencia, Valladolid, Ávila, Burgos, Segovia, Soria, Guadalajara, Madrid, Toledo, Cuenca, La Mancha, Sevilla, Córdoba, Jaén, Granada, Murcia, Vizcaya, Guipúzcoa, Álava, Navarra, Aragón, Cataluña, Valencia, Mallorca e Islas Canarias.

Astorga.-Jornadas-NapoleonicasEn la guerra de independencia León vive unos de los momentos más negros de su historia. La ocupación francesa de España fue contestada con un inminente levantamiento, el primero de todos, por parte de la Junta del Reino de León y la ciudad de León contra las tropas napoleónicas. La Junta del Reino de León, en ausencia del legítimo rey, asume la soberanía en los territorios del Reino. A las atrocidades “comunes” realizadas por los franceses, se sumo un auténtico atentado contra el patrimonio, la historia y la identidad del pueblo de León. El Panteón de los Reyes fue ultrajado y las tumbas de los reyes leoneses profanadas y utilizadas como abrevaderos.

El 19 de marzo de 1812, tras la victoria sobre los ejércitos de Napoleón, las Cortes Generales de España aprueban la Constitución 1812, conocida como “La Pepa”. León había enviado a siete diputados, detenidos por La Junta de Castilla La Vieja y puestos en libertad por orden de la Junta Central. En la ordenación del territorio se reconoce a León como territorio administrativo.

Felipe Bauzá divide la provincia de de León en dos, León y Astorga, esta última comprende los territorios maragatos, el Bierzo y otras comarcas. División efímera que durará un año. En el año 1822 se procederá a una nueva división administrativa, creándose la provincia de Villafranca que incluía la Cabrera, Valdeorras, los concejos del Sil y otros territorios de montaña. Esta división desaparece en 1824.

Javier de Burgos, en el año 1833, configurará el actual sistema de organización territorial. La comarca de Liébana se separa de León y queda incorporada a Santander. El Reino de León queda dividido en las provincias de León, Zamora y Salamanca.

En el año 1873, con la instauración de la I República, desde Valladolid se pretende formar un estado federal castellano que incluyera las tierras leonesas, a lo que La Comisión Provincial de León se negó rotundamente, pidiendo que se respetara la autonomía leonesa. Salamanca formará su propio cantón independiente.

En lo referente a la economía del siglo XIX, hay un renacimiento de la industria textil en Zamora y Béjar y se implanta la industria harinera de la Tierra de Campos en León. La llegada del ferrocarril mejoró las comunicaciones. A pesar de los altos índices de inmigración que se dieron en el siglo XIX el Reino de león experimentó un aumento de la población.

Catedral-01El mundo de la cultura tuvo notables figuras representadas en Gil y Carrasco, Luís Maldonado, Gabriel y Galán y Cayetano Bardón, de este último destaca los "Cuentos en dialecto leonés", escritos en leonés y todo un reconocimiento a esta lengua.

En el primer tercio del siglo XX hay un crecimiento económico impulsado por la creciente demanda de productos ganaderos y mineros.

Los aires de libertad que llegaron con la II República no soplaron, sin embargo, en el deseo leonés de autonomía. El Gobierno republicano no contempló esa posibilidad, aún a pesar que existían varios partidos autonomistas como el Partido Republicano Leonés Autónomo o la Acción Agraria Leonesa. Durante la guerra civil y después de ella, muchos leoneses quedaron atrapados en las montañas de León y Salamanca, algunos de ellos 30 años después de terminado el conflicto seguían vagando por los montes, manteniendo el rechazo al régimen de Franco, mediante guerra de guerrillas.

Durante el periodo franquista la división territorial otorgaba a León las provincias de León, Zamora, Salamanca, Valladolid y Palencia. Una división que tenía cierta lógica, ya que gran parte de los territorios de la Tierra de Campos fueron objeto de disputa entre las coronas leonesas y castellanas y la mayor parte del tiempo estas tierras formaron cuerpo del Reino de León.  Fue el leonés Pedro Ansúrez, fiel noble de Alfonso VI, que compartió el destierro con él en Toledo, el encargado de repoblar Valladolid.

Durante la transición aparecen numerosos grupos en las tres provincias que reivindican la autonomía. La Diputación de León, gobernada por UCD, proclama el 13 de enero de 1983 su deseo de salir del ente "castellano-leonés" y constituirse en autonomía uniprovincial, con 22 votos a favor procedentes de la UCD y AP y los 4 votos en contra de PCE y PSOE. El Ayuntamiento de Ponferrada sigue un proceso similar y de igual resultado.

El 29 de Enero de 1983 más de 20.000 leoneses, a cuyo frente estaban el alcalde de León y el presidente de la Diputación, salieron a las calles a manifestarse en contra de la unión con Castilla. A pesar de todos los esfuerzos, León es la única región histórica que no se la ha concedido la autonomía.

El actual Estatuto de Autonomía engloba los territorios del Reino de León con las provincias castellanas. Un Estatuto que responde a una naturaleza estrictamente política, cuyo impulsor fue, por entonces Ministro de Administraciones Públicas, Rodolfo Martín Villa, leonés de nacimiento. Es curioso que el propio partido político de Martín Villa, la UCD, por entonces la autoridad de la Diputación Provincial, fuera la que convocara una encuesta en la provincia sobre la autonomía. La pérdida de las provincias de La Rioja y Cantabria por parte de Castilla, favoreció la inclusión de León en la Autonomía actual.

 

Organización territorial y administrativa después de 1230

La unión de las coronas no supuso una pérdida de identidad del Reino de León respecto a Castilla. Las instituciones de ambos reinos siguieron funcionando de forma autónoma durante todo el siglo XIII y principios del XIV.

Las Cortes de la Corona de León se reúnen y deliberan independientemente de las castellanas durante todo el siglo XIII, ya sean convocadas en la misma ciudad o en poblaciones distintas. En el siglo XIV empiezan a reunirse conjuntamente, pudiéndose hablar estrictamente de cortes leonesas y castellanas a partir del reinado de Alfonso XI.

Los concejos se organizan en el siglo X con el objetivo de resolver los problemas cotidianos y organizar los recursos económicos y el aprovechamiento de los bienes comunales. Las reuniones de los vecinos garantizaba la defensa de las propiedades individuales y colectivas, además, de ser la expresión de la democracia popular. Los concejos tienden a asociarse entre ellos con el fin de ejercer una fuerza mayor. Esta asociación de concejos constituirá la Hermandad del Reino de León. El concejo abierto ha pervivido a lo largo de los siglos hasta la actualidad y todavía muchas poblaciones se reúnen en concejo abierto para dirimir los asuntos concernientes a la vecindad.

Parador-de-San-Marcos.-LeonLas asociaciones de personas o núcleos de población, con el fin de asistirse en mutua ayuda o defender sus intereses, son comunes en el mundo medieval. Ciudades y villas se unen para adquirir mayor fuerza política y económica. Estas asociaciones se denominan hermandades y comienzan a organizarse a raíz de la inestabilidad política presente a finales del siglo XIII y comienzos del XIV. Las hermandades fueron legalizadas en 1295 y cada reino formó la suya.

La Hermandad del Reino de León se integraba por los concejos de 31 ciudades y villas pertenecientes al territorio del Reino, incluyendo Galicia y Asturias. Se reunían anualmente en la ciudad de León para tratar asuntos relacionados con administración de la justicia y el mantenimiento del orden. En el año 1315 hubo un intento de agrupar las hermandades de los diversos reinos en una única Hermandad General, pero la resistencia de leoneses, toledanos y extremeños a reunirse con los castellanos derivó en la disolución de la Hermandad General en el año 1318.

Uno de los aspectos destacables de la organización jurídica del Reino de León es el Tribunal del Libro. El Tribunal del Libro actuaba, por lo general, como tribunal de apelación y se reunía en el Locus Apellationis de la Catedral de León. La denominación le viene de basar la sentencia en el Liber Iudiciorium, antiguo cuerpo jurídico herencia del mundo visigodo. El Tribunal del Libro era una institución exclusivamente leonesa.

La Cancillería del Reino de León fue creada en tiempos de Alfonso VII y tras la unión de 1230 con Castilla siguió manteniendo su autonomía. Los intentos de Alfonso X y Sancho IV por unificar las cancillerías de León y Castilla fueron vanos. Con el tiempo, el poder de los cancilleres se va difuminando hasta convertirse en un mero título honorífico para quien lo ostenta.

Las notarías tenían un peso específico en la administración. En un principio se crearon cuatro, con competencias en los territorios de León, Castilla, Andalucía y Toledo. En las Cortes de1295 se reducen a dos, La Notaría de León y la de Castilla. Las notarías se encargaban de elaborar, cuidar y mantener los distintos documentos que competían a su territorio.

Panoramica-nocturna-de-Leon

La administración del nuevo reino se dividía en demarcaciones territoriales, que recibían el nombre de merindades en los reinos de Castilla, León y Galicia, y de Adelantamientos en el resto de los territorios. La diferencia entre el Merino Mayor y el Adelantado estribaba en el ámbito de actuación. Así, el Merino tendría funciones judiciales y el Adelantado, por estar al frente de una circunscripción fronteriza con el mundo musulmán, tendría funciones militares. Pero la práctica era distinta, ambas figuras asumían las mismas competencias militares, judiciales, administrativas y económicas. Con el tiempo, la denominación de Merino desapareció en favor del Adelantado.

Tanto el Merino Mayor como el Adelantado ostentan el cargo superior de la administración territorial, cargos que eran ocupados tradicionalmente por la nobleza. En 1402 Asturias es separada del Adelantamiento de León, situación que se mantendrá hasta mediados del siglo XVII. El sistema de Adelantamiento perduró hasta el año 1799.

El Defensor del Reino de León, o Procurador General del Adelantamiento, era otro de los cargos de responsabilidad. Su misión era auxiliar jurídicamente a los menos favorecidos y sus competencias se extendían por todo el territorio del Adelantamiento de León.

Al igual que el resto de instituciones, la iglesia del Reino de León también actuó de forma autónoma con respecto a la castellana. Durante prácticamente un siglo los representantes eclesiásticos de ambos reinos celebraban sus sínodos por separado.

La unión entre las dos coronas no supuso un cambio radical en los aspectos cotidianos del Reino de León. León mantuvo sus costumbres, moneda e incluso los símbolos representativos del Reino. Se autogestionó administrativa y jurídicamente durante todo el siglo XIII. La llegada del siglo XIV y, sobre todo, el reinado de Alfonso XI, trajo consigo un impulso centralizador, donde la autonomía leonesa se vio obligada a ceder en favor de la Corona de Castilla.

El proceso centralizador de Alfonso XI repercutió únicamente en los aspectos administrativos. El pueblo de León mantuvo intacto el sentimiento de haber nacido en una tierra única y orgullosa, a la que se debe la base territorial, legislativa y cultural del actual Estado. Este sentimiento se hace patente en las tradiciones y costumbres que los leoneses han mantenido a lo largo de la historia.

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